Hoy estoy de cumpleaños. Es mi celebración de la libertad. Es una recopilación de recuerdos y de una historia que he vivido minuto a minuto de la mano con la fantasía, la sorpresa y, por supuesto, las lágrimas. Es la fiesta de un inicio propio y una calma absoluta. De una aproximación a lo que siempre quise ser: una mujer libre, con auto-logros, feliz… De esas cosas que todo el mundo quiere ser y que la juventud se empeña en no ver (y que canjea por inseguridades absurdas). Ese “pero” que siempre falta, esa oportunidad que no se aprovecha, ese suspiro que no termina de salir…
Ese creerte, en letras y acciones, que eres buena en lo que haces.
Que haces.
Que creas.
Que disfrutas haciendo y creando.
Que más vale soñar…
Es el día de dejar las retrospectivas, porque no permiten avanzar. Pero llegan involuntariamente y, en ese momento, pasan los ataques de recuerdos. Es entonces cuando me debato entre la media verdad y el silencio intempestivo. Y, justo cuando quiero avanzar, me llegan tus momentos inoportunos, tu historia. Esa que no perdona y que cobra cada paso entero: con tropiezos y nuevos comienzos. Esa que me recuerda por lo menos siete nombres de protagonistas, con los que tuve un apéndice aparte en esta semana de júbilo. Y que están leyendo este post.
Es el momento de celebrar un buen reencuentro entre “hermanas”. Un momento en el que la autocensura prevaleció sobre la actitud de los otros. También puedo nombrar, con gratitud, las horas grandiosas que pasé al lado de mis amigos de siempre. Además, hay un instante para el muchacho que se cruzó por un día en el camino, y dejó huella. Justamente hoy, que apareció y dejó la incertidumbre. Y eso vale.
Un “¡salud!” por todos los sentimientos encontrados de aquel 10 de enero. Por la vida, que es absoluta y verdadera. Por las escaleras, que se llenaron de lágrimas, recuerdos, comienzos y términos, de frases contundentes y conversaciones que no volverán. Por la oportunidad de haber amado como adolescente y como primera vez. Por la perseverancia, el tren de vuelta, el mal agradecimiento, la preocupación momentánea y perenne, las salidas a escondidas, los paseos sin aviso, las leyendas a medio vivir, la familia incoherente y la perfecta, los amigos alcahuetas y oficiales. Los regalos que no alcanzaban para demostrar el sentimiento.
Un “¡salud!” por todos los sentimientos encontrados de aquel 10 de enero. Por la vida, que es absoluta y verdadera. Por las escaleras, que se llenaron de lágrimas, recuerdos, comienzos y términos, de frases contundentes y conversaciones que no volverán. Por la oportunidad de haber amado como adolescente y como primera vez. Por la perseverancia, el tren de vuelta, el mal agradecimiento, la preocupación momentánea y perenne, las salidas a escondidas, los paseos sin aviso, las leyendas a medio vivir, la familia incoherente y la perfecta, los amigos alcahuetas y oficiales. Los regalos que no alcanzaban para demostrar el sentimiento.
Un “¡hurra!” por la fan enamorada, la de los consejos que nunca escuchó, la del psicólogo “las 24 horas”, la que siempre dijo “esta vez sí…”. La que no pudo llorar más, porque no encontró fuerzas para fabricar más lágrimas. La que tardó dos años en decidirse, sin arrepentirse de los 24 meses que pasó en ascuas. A la que no le importó luchar, entregarse y sentir sin la certeza de la correspondencia absoluta. La que intentó ser “moderna”. La incondicional, que apostó todo y perdió. La que creció empezando desde cero, con un mundo enterrado y sin poder reanimarlo a la nueva experiencia. La que consiguió desenvolverse en lugares donde tiene la oportunidad de ser feliz. La que fabricó una nueva escala de Richter en materia afectiva, porque los sismos en su sistema cardiopulmonar ya no le afectaban. La que vivió.
Ya más entonada, brindaré por el reloj biológico paralizado. Por el tiempo perfecto con el que intenté luchar incesantemente, y que me hizo creer en el destino. Por las personas que estuvieron. Por los reencuentros. Por los poemas y los mensajes de texto. Por la piel envuelta en este problema de espíritu. Por el celular caído y los nuevos números. Por las presencias. Por el desespero de no saber qué hacer. Por la victoria consumada, en el mismo momento en que te sentiste libre y te fuiste (cuatro días después) a cumplir profecías que ya habían sido estudiadas. Por las redes sociales y el retraso en el envío de la información. Por las frases contundentes, que nunca se van a borrar. Por la experiencia. Por los secretos, por la historia, por los errores, simplemente porque pasó. Y, a esta edad, no a todo el mundo le pasa. Feliz Aniversario.

4 comentarios:
Feliz aniversario, Marcy. Qué gusto ponerme al día contigo. Es muy Marcy, pero nunca demasiado.
Un año de hablarle a muchos y a nadie a la vez.
Venga, felicitaciones.
Mi burbujita también está cerca del año, si es que no lo cumplió ya o.O
Un besazo, Marcy.
Me encantó hija. Gracias por compartir. DTB.
Carmen
eres buena en lo que haces bella no dejes de expresarte un beso Orlando
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