Verónica está en una etapa de transición. Le pasa que no se cree el presente y quiere añadir cuotas de emociones arriesgadas en su memoria. Como todos, tiene dudas. Como todos, sueña, se inspira, y sonríe ante las situaciones que vive. Pero Verónica es curiosa. Se visita continuamente y recrea en su cuerpo sensaciones diversas que le permiten conocerse a sí misma.
Vero, como sus amigos la llaman, tiene vicios. Además del cigarro, también sale todas las noches y bebe alcohol con las personas que están presentes en su día a día. Prende un porrito cuando está a punto de salir el sol. Duerme hasta tarde y se da el lujo de vivir la plenitud de sus años.
Un día, Vero quiso sentirse más independiente. Le provocó convertir a la realidad uno de los personajes que construía en sus historias de domingo por la mañana. Fue entonces cuando recolectó la fuerza necesaria para viajar a una dimensión desconocida. Traspasó la cuarta pared e hizo el contacto con nuevos seres que tenían la pizca de eso que ella había querido adquirir desde siempre y para siempre.
Fue entonces cuando la chica en cuestión metió el habla en un bolsillo y se agarró fuerte de sus emociones. Su nuevo gesto favorito fue una boca abierta que la acompañó en todas las aventuras, y un miedo exagerado que aminoró conforme veía su reloj y se daba cuenta de que el ahora era “ya” (y el mañana quizá no existiría).
Su registro pasó de ser una cámara fotográfica a un archivo visual impresionante. Lo más difícil del cambio fue encontrarse sola en medio de tanta grandeza. El momento cumbre se dio, cuando en una mañana de sombras, tuvo que enfrentarse con las ganas que tenía de comerse el mundo y desafiarlas en un duelo sin sentido. Ahí se dio cuenta de que es verdad que toda historia tiene un nudo y que, para que su sueño tuviera un toque de realidad, tenía que vivirlo así.
Verónica derramó lágrimas, como no, y pensó que ahí todo tomaría un curso distinto. Finalmente nada es perfecto. Pero el ahora seguía en presente y la búsqueda atemporal también. Continuó el viaje que retaba a su imaginación. Vero comenzó a interactuar mejor con el paisaje que se veía desde su ventana y con los que estaban a su alrededor.
En uno de esos caminares sin rumbo la muchacha sintió que la nueva dimensión tendría pronta fecha de caducidad, y le suplicó al tiempo que le diera unos instantes más de nuevas emociones, antes de tener que volver. Pero esta vez no fue complacida y, contrario a lo que se imaginaba, retornó muy pronto a su vida habitual. Sin embargo apenas despertó, Verónica revisó el celular y se dio cuenta que uno de los mensajes que recibió era un guiño a la fantasía: un encuentro planificado y real con esas nuevas maneras de ser y un mejor camino, en conjunto, a partir de este momento.
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