Hoy en La revista, el programa de radio de Elba Escobar y María Elena Lavaud, invitaron a los escuchas a responder la pregunta: "¿Cómo caminan las caraqueñas?" para ganarse una entrada al concierto de Guaco, el sábado por la noche.
No suelo participar en este tipo de trivias, menos cuando las reglas del juego son taaaaan abiertas. Pero me pareció muy divertido escribir algo al respecto. Esta fue mi respuesta:
Las caraqueñas caminamos con una franelita pegada y que se vea un centímetro de cintura. Solo uno. Eso aumenta el tambaleo de caderas, la sensualidad, eso de no mostrar mucho e imaginárselo todo y los piropos en la calle. Eso hace que los hombres te griten “Si Osmel Sousa te viera, te sienta en ese trono”, con el mismo furor que una fan de Gustavo Aguado, Ronald y Luis Fernando Borjas corea Eres más.
Las caraqueñas caminan con tacones en el Metro, con cholitas en los huecos de la calle, descalzas en la arena de La Guaira. Las caraqueñas caminan full. Porque, con la cola y el estrés, no queda de otra. Porque las caraqueñas necesitan ser vistas, necesitan que les tiren besitos en la calle. Porque cuando van al exterior sienten que les hace falta el “¡mamita rica!” aunque se sientan asqueadas cuando todas las mañanas el mendigo de la esquina y el conductor de la camionetica se los gritan, poniendo sus ojos en esa cintura curva, cóncava o convexa.
Nosotras bailamos salsa, merengue y gaita. Todo junto, como ese género no tan nuevo que se celebra el sábado. Ese género “Guaco” que se nos incrustó en la vena rumbera, en la navideña y en la venezolana. Tenemos metido en la cabeza que así es como se baila en las gaitas intercolegiales, que con esa música nos enamoramos, nos despechamos y que al son de ese tumbao es como caminan las caraqueñas. Ya lo dijo el gran filósofo: “Tienen un ca-mina’o / dulce como el me-lao”.

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