lunes, 12 de octubre de 2009

Ellos

Ellos se voltearon y se dijeron adiós. Sabiendo que volverían a caer en lo mismo, como tantas veces ya lo habían hecho. La última vez se vieron, se besaron profundamente y no soportaron verse sin tener una varita mágica que los mantuviera ensimismados sin tiempo, ni espacio. Él sintió que estaba fuera del camino que ella estaba siguiendo; Ella, que estaba engañando a su presente. Pero mantuvo una promesa cómplice con el silencio.

Él trató de seguir sus pasos, pero ella se transportó a su escondite para más nunca salir. Él se conformó con ver el atardecer. Desde el asiento de la oficina fue redactando su nueva vida, hasta que el día a día fue tapando la cicatriz de tres años dedicados a pensar en lo mismo, todo el tiempo.

Ellos se encontraron por casualidad. Es que el tiempo no avisa, y mucho menos “los amigos en común”. Se vieron solos, como para empezar de nuevo. Se llamaron por teléfono y bromearon con picardía. Pero no, siguieron de largo a pesar de las posibilidades, que se tornaron amplias y con nuevos significados.

Él encontró la manera de rodearse de música y gente. Ella también, pero no sabía que el ego le estaba llegando al infinito. No sabía que la adolescencia le había llegado tarde. No se explicaba, por qué tanto interés de la gente que la saludaba y le pedía autógrafos, como si Madonna en persona estuviera paseando en las calles de Altamira. Pero bueno, la gente a veces se da su golpecito. Debe ser que, como en Altamira no hay policías acostados, ella nunca se detuvo ante la sospecha de algún acontecimiento irregular en su vida (porque todo lo vio maravilloso).

Él se encogió de hombros y, con la frente en alto —y el orgullo pateado—, siguió. Y justo ese día se encontró con la pasión hecha cuerpo: en el sexo que le convenía, en el arte que experimentaba, sin conocer ni el nombre del pecado capital que tenía en frente, y con la perspectiva atravesada en el ombligo del mundo. Como para que él aprendiera a ser gente, a visualizar el presente sin necesidad de futuro. Pero con llamada del día siguiente, por aquello de no saber cómo comportarse ante un esquema de tanta libertad.

Continuó la vida… Ella con su él de meses cumplidos con rosas y peluches. Él con su ella, de nuevos deseos y pocas palabras. Hasta que la causalidad existió, y la rabia también.

Ellos se reencontraron en el texto de sus mensajes. Que los envió directamente a la cárcel del odio. Ella le pisó la única fortaleza que a él le quedaba: la palabra. Y se sintió consternado, rabioso, indignado, verdaderamente triste. A rabiar.

Él descubrió que la rabia sabe a tristeza, y también a despedida definitiva. Despedida absurda y sin sentido. Sin ganas de convertirse en perífrasis verbal, ni juego retórico. La rabia, cuando se tiene, ciega. Y él se quedó ciego, porque fue la carta que ella jugó. Ella, que siempre decidió en su “nosotros”. Que permitió y rechazó. Sobre todo ella que tomó en sus manos los sentimientos, como quien coge un puñado de arena y lo va soltando de a poco, viendo los granos caer de nuevo a su lugar de origen.

Sin saber, ni creer, se dejaron de asumir el uno al otro en el camino definitivo. Las oportunidades de estar juntos seguían llegando. Los atardeceres siguieron pasando mientras él permaneció sentado en el monitor de su oficina. Pero redactó su destino, jugó a arriesgarse y a conocer. Sobre todo, a aprovechar las líneas de futuro que le brindaba la escritura libre. Y acertó. Saltó el cerco de la emoción y el nuevo mundo. Descubrió su América en 12 de octubre, cual Cristóbal Colón. Y, aunque prohibido, consiguió en la pasión una amiga de días sin sueño, y un trampolín para dibujar líneas de consuelo. La entrega volvió, y la varita mágica lanzó brillo, solo que con otra ella: La experiencia.


un día de tantos,
sin saber que sería el último


2 comentarios:

SERVIA ODREMAN dijo...

wooao nena!!! <3 en esta tengo una sola frase favorita:

Ella, que siempre decidió en su “nosotros”.

bueno y esta es muy real: Ellos se voltearon y se dijeron adiós. Sabiendo que volverían a caer en lo mismo, como tantas veces ya lo habían hecho.

P.D tenemos que vernosss!!!! tomarnos un café o algo!!! antes la uni se ponga mas pesada y ya no me quede tiempo ni de leerte... (K)

Orlando dijo...

una mirada se cruso con la otra mientras las miradas se perdian en el orizonte junto con ese amor que cada dia se iba perdiendo en el olvido (me encanto leer tus palabras)